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Aliviar el
estrés con buen sabor de boca
Publicada en 16/02/2010 fuente:consejos-e
El estrés crónico puede ocasionar cambios psicológicos de
diferente magnitud. Uno de ellos está relacionado con los
hábitos alimentarios, siendo muy común en las personas
estresadas las actitudes de desidia o desinterés por la
comida, la falta real de apetito o incluso la compulsividad
en la manera de comer. Algo que no hace sino agravar más el
problema.
Entre los cambios psicológicos derivados del estrés, los más
habituales son la inestabilidad emocional general, la
aparición de sentimientos de ansiedad, la pérdida de
confianza, la depresión o la apatía. Sin embargo, otro
aspecto no menos desdeñable está relacionado con la
alimentación: a la persona estresada puede darle por comer
compulsivamente, por una pérdida de interés o indiferencia
total a la comida o por una pérdida real de apetito que no
hace sino agravar aún más el problema.
Por ejemplo, es muy común ver casos de estrés en los que se
produce un aumento del deseo de comer, especialmente platos
apetecibles: tartas, chocolate, galletas, dulces, platos, en
definitiva, altamente calóricos y poco nutritivos. Esto
tiene un efecto adicional y contraproducente: un eventual
aumento de peso, la consiguiente merma de la autoestima y la
aparición de sentimientos de culpabilidad. También puede
producirse el efecto contrario, caracterizado por una
pérdida del apetito y una actitud descuidada hacia la
alimentación en general.
Las 3 etapas del estrés
1. Se han identificado tres etapas en la respuesta al
estrés. En la primera etapa, ALARMA, el cuerpo reconoce el
estrés y se prepara para la acción, ya sea de agresión o de
fuga. Las glándulas endocrinas liberan hormonas que aumentan
los latidos del corazón y el ritmo respiratorio, elevan el
nivel de azúcar en la sangre, incrementan la transpiración,
dilatan las pupilas y hacen más lenta la digestión.
2. En la segunda etapa,RESISTENCIA, el cuerpo repara
cualquier daño causado por la reacción de alarma. Sin
embargo, si el estrés continúa, el cuerpo permanece alerta y
no puede reparar los daños.
3. Si continúa la resistencia se inicia la tercera etapa,
AGOTAMIENTO, cuya consecuencia puede ser una alteración
producida por el estrés. La exposición prolongada al estrés
agota las reservas de energía del cuerpo y puede llevar a
situaciones extremas.
Ciertos tipos de jaqueca y dolor de cara o espalda, el asma,
úlcera, hipertensión, asma y estrés premenstrual, son
ejemplos de alteraciones relacionadas con el estrés. Además,
el estrés emocional puede causar o empeorar muchos
trastornos de la piel, desde picores, cosquilleo y dolor
hasta los que producen sarpullido y granos.
El estrés predispone a otras enfermedades
Los médicos han reconocido desde hace tiempo que las
personas son más proclives a enfermedades de todo tipo
cuando están sometidas a un gran estrés. Acontecimientos
negativos, tales como la muerte de un ser querido parecen
causar el suficiente estrés como para reducir la resistencia
del cuerpo a la enfermedad.
Por otra parte, aunque el estrés puede ejercer alguna
influencia sobre cualquier enfermedad, los científicos
atribuyen al menos parte de este efecto a la historia
evolutiva humana, argumentando que cuando había que vivir
con constantes amenazas físicas por parte de animales
salvajes y otros elementos, así como de otros individuos, el
cuerpo evolucionó ayudando a gestionar estas presiones
físicas.
Sin embargo, el problema surge cuando el cuerpo está
preparado para enfrentarse al peligro pero no puede hacerlo.
Quedar atrapado en un atasco de tráfico, por ejemplo, puede
hacer que el cuerpo se prepare para una respuesta de
agresión o fuga, pero cuando no se puede tomar ninguna
acción, los sistemas corporales permanecen hiperactivos. La
repetición de experiencias similares de naturaleza
frustrante puede crear estados tales como la hipertensión.
Objetivo: alimentar al cerebro
Aunque el cerebro representa un 2% o un 3% del peso corporal
total, sin embargo es responsable del consumo de un 20% de
la energía que extraemos de los alimentos. Su principal
fuente energética son los hidratos de carbono (glucosa). Si
el aporte es insuficiente, obtiene energía a partir de otros
elementos como proteínas y grasas, aunque esto último no es
conveniente ya que se producen alteraciones en el
metabolismo corporal.
Para mantener bien nutrido al cerebro no es preciso aumentar
el aporte de calorías, pero sí cuidar especialmente el
aporte de determinados nutrientes necesarios para el
correcto funcionamiento del sistema nervioso (transmisión de
impulsos, transporte de oxígeno a las células). Estos
nutrientes intervienen directamente en la concentración, la
memoria, el rendimiento intelectual y el estado de ánimo y
son:
1. Vitaminas del grupo B, como la tiamina o la vitamina B1,
que influye en los mecanismos de transmisión nerviosa,
(presente en la levadura, carne de cerdo, legumbres secas,
pan integral, yema de huevo, harina de maíz, cacahuetes y
nueces); la niacina; la piridoxina o vitamina B6 (presente
en la levadura, harina integral, huevos, hígado, pescado,
carne con nervio, semillas de cacahuete, de soja, patatas,
espinacas y legumbres); la vitamina B12 (presente en hígado,
riñones, pescados, huevos y quesos fermentados); y el ácido
fólico (presente en los copos de maíz, las espinacas y
verduras de hoja verde, hígado, plátanos, almendras,
cacahuetes naranjas, tomates, leche, huevos, patatas y
albaricoques).
2. Vitamina E, presente en aceite de semillas (maíz y
girasol), espinacas, lechuga, hojas verdes en general y yema
de huevo.
3. Vitamina C: bajo tensión emocional se segrega más
adrenalina, que consume gran cantidad de vitamina C,
presente en las naranjas, limones, mandarinas, tomates,
berzas, pimientos, patatas, perejil, nabos, espinacas,
fresas y melones.
4. Determinadas sales minerales, como el potasio (presente
en los dátiles, kiwis, plátanos, manzanas, ciruelas,
pomelos…); el magnesio, denominado por muchos expertos el
mineral antiestrés, ya que ha demostrado ser un
tranquilizante natural que relaja los músculos esqueléticos
y actúa positivamente sobre la transmisión nerviosa.
Previene la ansiedad, las fobias, los tics y el insomnio por
lo que está recomendado en tratamientos contra la depresión
y el estrés. El magnesio está presente en los albaricoques,
dátiles, frutos secos, higos, espinacas, remolacha, cardos,
perejil); y el zinc (presente en apio, espárragos, borrajas,
higos, patatas, berenjenas, melocotones, ostras…).
5. Oligoelementos como el litio (presente en cereales
integrales, alfalfa, legumbres, patatas, nabos, tomates,
pimientos, fresas y frambuesas); el silicio (presente en
cereales integrales, levadura de cerveza, cola de caballo,
maíz, calabaza y sandí¬a); el selenio (presente en la avena,
el arroz integral y los melocotones) y el cromo (presente en
la levadura de cerveza, el hígado, champiñones, nueces,
huevos, carne, cereales integrales).
6. Ácidos grasos esenciales. Los ácidos grasos insaturados,
como el linoleico que predominan en los frutos secos y
aceite de semillas, son necesarios para el desarrollo del
sistema nervioso. Las frutas y verduras constituyen una
fuente óptima de vitaminas y minerales que el cuerpo
necesita para reforzar el sistema inmunitario, susceptible
de debilitarse en un estado de estrés.
Además, las frutas proporcionan potasio, un mineral que
ayuda a mantener la presión arterial estable. Sin embargo,
la carencia de vitamina B1, por ejemplo, produce
irritabilidad nerviosa y depresión, y la de B6, nerviosismo
y fatiga, así como el déficit de magnesio produce
nerviosismo y ansiedad.
¿Qué alimentos debemos evitar si padecemos estrés?
1. El alcohol, administrado en pequeñas cantidades, induce a
un estado de relajación. Sin embargo, si su consumo supera
los límites recomendados, puede perjudicar seriamente la
salud física y psicológica e intensificar el estrés en vez
de aliviarlo.
2. La cafeína es una sustancia estimulante presente en el
café, el té, el chocolate y los refrescos de colaA corto
plazo, la cafeína ayuda a mejorar la agudeza mental y el
rendimiento, pero también aumenta la presión arterial y
puede causar palpitaciones, temblores y agravar la ansiedad
y los problemas del sueño. También son estimulantes los
refrescos de cola, así como los extractos de guaraná o
gingseng, ambos excitantes que pueden empeorar las
situaciones de nerviosismo o ansiedad que generalmente se
asocian al estrés.
3. El chocolate estimula la secreción de serotonina (un
neurotransmisor) y de endormorfinas (sustancia sedante que
genera de modo natural nuestro organismo), que ayudan a
mejorar el estado anímico. Este producto también aumenta la
producción de feniletilamina, una sustancia que el cerebro
secreta cuando recibe un estimulo emocional. Un consumo
excesivo del mismo, no obstante, puede empeorar la salud,
debido a su alto contenido en grasa y azúcar.
4. Los alimentos precocinados y de preparación rápida
contienen un alto contenido en grasas saturadas e
hidrogenadas, por lo que aumentan el riesgo de sufrir
obesidad, arteriosclerosis, dolencias cardíacas y ciertas
formas de cáncer.
5. La sal, ingerida en exceso, puede contribuir a un aumento
de la presión arterial, algo a lo que son especialmente
proclives las personas estresadas.
6. La leche condensada, así como los lácteos enriquecidos
con nata y los quesos grasos tampoco son recomendables en
casos de estrés.
7. Asimismo conviene evitar las carnes grasas, vísceras y
charcutería (embutidos, patés y foie-gras). Asimismo, entre
las preparaciones culinarias son preferibles aquellas menos
grasas: planchas, parrillas, asados (horno, papillote),
microondas, cocciones en agua (vapor, hervido, escalfado).
Asimismo es conveniente utilizar moderadamente los fritos,
rebozados, empanados, guisos y estofados (desgrasar en
frío).
8. Bollería rellena, productos de pastelería y repostería.
La necesidad de ingerir alimentos dulces cuando se sufre
estrés tiene un componente hormonal. Cuando el mecanismo de
lucha o de huída producido por el estrés se activa, estas
hormonas inducen al organismo a que vierta grandes
cantidades de azúcar al flujo sanguíneo para proporcionar
así una fuente adicional de energía. Esta secreción
repentina hace que el cuerpo necesite una nueva provisión
para reemplazar la que se ha consumido.
¿Y qué hay de los suplementos?
El estrés implica un gran desgaste físico y mental, y por
tanto puede ser recomendable la toma de ciertos suplementos
de vitaminas y minerales siempre bajo la supervisión o
asesoramiento de un especialista.
No obstante, en estados avanzados de déficit vitamínico
provocado por el estrés se aconseja la ingesta de
suplementos alimenticios, que aporten dosis de vitaminas C y
B y de minerales como el magnesio y el zinc.
Las infusiones de algunas plantas, como la manzanilla,
melisa, verbena, tila o flor de naranjo, pueden tener un
efecto sedante y, por lo tanto, ayudar a reducir la
ansiedad, induciendo a la relajación y el descanso.
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