La sintomatología que puede acompañar a la hipertensión arterial es muy variada
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Dr. Francisco Javier Lavilla Royo Especialista en Nefrología Director. Servicio de Nefrología CLINICA UNIVERSIDAD DE NAVARRA |
¿Qué síntomas produce?
La sintomatología que
puede acompañar a la
hipertensión arterial es
muy variada. Puede ocurrir
que la
hipertensión arterial no
dé ninguna sintomatología y
su descubrimiento
sea casual
(por revisiones médicas,
cirugías, etc..), En otras
ocasiones se descubre a raíz
de la presencia de
determinados síntomas como
dolores de cabeza,
hemorragias nasales
espontáneas,
sensación de inquietud,
nerviosismo, etc.. y de
forma menos frecuente por
elevaciones bruscas
y severas de la tensión
arterial que se
acompañan de
dolor de cabeza intenso,
sensación de frialdad y
angustia, palpitaciones,
temblor. Las
manifestaciones clínicas
de la
hipertensión
depender en gran parte de la
posible causa que la puede
originar. En
determinados procesos el
inicio de la
hipertensión puede ser
brusco con elevaciones
severas de la tensión
arterial en forma de crisis.
Consecuencias de la
hipertensión arterial:
La presencia de una
presión excesiva de la
sangre daña de forma
importante el sistema
vascular, sobre todo cuando
no es controlada, y debido a
la lesión de ese sistema
cualquier órgano puede
resultar afectado. Este
deterioro de las arterias se
debe en gran parte al
desarrollo de
arteriosclerosis,
una enfermedad grave que
evoluciona más deprisa
cuando además existen
trastornos importantes del
metabolismo de las
grasas y azúcares. La
hipertensión arterial
obliga al corazón
a realizar un mayor trabajo
para bombear la sangre.
Debido a ese esfuerzo la
pared muscular del corazón
aumenta de tamaño precisando
más sangre para alimentarse.
Esa sangre proviene de las
coronarias, unos vasos que
también resultan dañados por
la
hipertensión arterial y
las posibles enfermedades
metabólicas asociadas. Como
consecuencia puede
producirse una falta de
riego de la musculatura del
corazón o
isquemia que de forma
aguda deriva en una
angina o
infarto agudo
de miocardio. Ese esfuerzo
excesivo del corazón
conlleva a largo plazo un
agotamiento del mismo,
entrando el paciente en
insuficiencia
cardíaca. El
riñón
recibe un excesiva presión
de la sangre, destruyéndose
sus unidades funcionales y
desarrollando una
insuficiencia renal
progresiva con
pérdida de
proteínas y un peor
manejo de la sal y de los
líquidos (agravándose la
hipertensión arterial).
El sistema arterial del
cerebro se
deteriora no llegando bien
la sangre a determinadas
áreas (de forma local o
difusa) generándose uno o
varios infartos
(unas veces importantes y
otras veces pequeños pero
repetidos), o bien la
ruptura de alguna arteria
(favorecida por la excesiva
presión de la sangre)
produciéndose una
hemorragia. La
vista
resulta dañada debido a que
los pequeños vasos de la
retina sufren también con la
presión excesiva. La llegada
de la sangre a otros
territorios con el
tiempo también resulta
perjudicada apareciendo
problemas de
circulación en las piernas
(claudicación) o
incluso otras zonas como el
intestino.
¿Qué complicaciones
presenta?
Agudas:
Ocurren en situaciones en
las que la tensión arterial
presenta elevaciones severas
alcanzando cifras la
sistólica de 200 mmHg, y la
diastólica de 120 mmHg. Es
lo que se denomina
crisis hipertensiva,
que dependiendo del momento
en que aparezca (después
de una
cirugía, en
un embarazo)
o de los síntomas que
presente (alteraciones
de la visión,
disminución del nivel de
conciencia por
encefalopatía o
dolor precordial)
se denominará urgencia o
emergencia hipertensiva. La
aparición de una urgencia o
emergencia requiere un
actuación médica que en
muchos casos puede incluso
requerir el empleo de
medicación intravenosa.
Crónicas:
Las complicaciones crónicas
derivadas de la
hipertensión arterial,
dependerán fundamentalmente
del control
que se haya hecho de la
misma, o de que se
asocie a otras
enfermedades,
principalmente
metabólicas.
A nivel cardíaco
se produce un engrosamiento
de la pared del ventrículo
así como cierta rigidez que
dificulta su llenado,
comprometiendo ambos la
irrigación del músculo
miocárdico y por lo tanto
favoreciendo junto a un
deterioro de las coronarias
la aparición de
enfermedades isquémicas del
corazón.
En el riñón
se produce un deterioro de
la vascularización renal
generándose una
isquemia de sus
unidades funcionales (nefronas)
que junto a la
hipertensión transmitida
a dichas unidades genera una
destrucción
progresiva e irreversible.
Esta hiperpresión favorecerá
la pérdida de
proteínas por
la orina, que podrá ser
valorada como marcador de
daño renal.
En el sistema
nervioso central se
producirán enfermedades
derivadas de
fenómenos trombóticos
(infartos cerebrales
de forma episódica o crónica
pudiendo llevar a una
situación de
demencia) o
hemorrágicos (hemorragias
cerebrales). Estas
enfermedades dan lugar a una
gran morbilidad por la
repercusión que tienen sobre
el paciente.
A nivel periférico se
produce un deterioro de la
circulación arterial en las
extremidades,
apareciendo problemas de
claudicación intermitente
con el ejercicio y
lesiones ulcerosas
o necróticas, especialmente
sobre heridas.
¿Qué es el riesgo vascular?
Concepto de riesgo vascular: Supone el riesgo de sufrir un deterioro importante del sistema vascular. Ese deterioro viene a través del desarrollo de una arteriosclerosis. La arteriosclerosis es la destrucción progresiva de la pared vascular mediante la formación de placas de ateromas. Esas placas se producen por el acúmulo de lípidos o grasas dentro de la pared arterial, retenidas en células provenientes del sistema de defensa. Ese acúmulo produce una irregularidad en la superficie del vaso que interfiere en el flujo de la sangre, volviéndose turbulento. Ese flujo turbulento es capaz de producir una mayor lesión de esa pared. Al crecer la placa de ateroma puede llegar a romperse soltando al torrente sanguíneo cristales de colesterol y diverso material. Ese material es capaz de interrumpir el flujo de sangre a niveles más distales. Por otro lado, la generación de una superficie ulcerada e irregular provoca la activación de la coagulación con la formación de trombos que reducen o eliminan la luz interior de los vasos. El deterioro del sistema vascular: La presencia de una hipertensión arterial no sólo es causa de un mayor deterioro vascular, sino también síntoma. La importancia que tiene saber dar relevancia a ese deterioro vascular proviene de que todo el organismo se sustenta sobre ese sistema. En ese deterioro (en parte fisiológico, fruto de la edad) tiene un especial protagonismo el endotelio. El endotelio, su papel en la hipertensión y deterioro vascular: Son unas células planas provistas de un núcleo y de todos los sistemas de producción de energía y fabricación de moléculas propias de las células del cuerpo humano, pero con un nivel de actividad muy elevado. Esas células recubren toda la pared interna del árbol vascular. Se encuentran en todos los vasos, desde los más grandes y próximos al corazón, hasta los más finos o delgados denominados capilares. Las células endoteliales están asentadas encima de una membrana microscópica que las separa de capas más profundas de la pared vascular. Tienen capacidad para fabricar moléculas que expulsan al torrente sanguíneo vascular. Esas moléculas influyen en otros sistemas celulares de la pared vascular, pero también en otros situados por todo el organismo. Estas células endoteliales ofrecen una superficie lisa y deslizante para la sangre que circula por los vasos, aislándola del contacto con capas más profundas de la pared. Además tienen la capacidad de transportar moléculas circulantes en la sangre, hacia el interior de los tejidos como sucede en los vasos más finos donde se produce el intercambio entre sustancias nutritivas y generadas por el metabolismo. El endotelio mantiene la estabilidad del flujo sanguíneo, influye en la capacidad de reacción de los vasos, y establece una barrera entre la sangre y los tejidos permitiendo el intercambio selectivo entre ambos. Estas células fabrican unas sustancias que son secretadas a la sangre, o permanecen fijadas a su superficie reduciendo la actividad del sistema de la coagulación. De esa forma, y a la vez consiguiendo una superficie lisa que reduce las turbulencias de la sangre, mantienen libre el flujo de la sangre. También producen otras sustancias que son secretadas hacia otras células presentes en capas más profundas de la pared vascular como sucede con el óxido nítrico. Esas sustancias influyen entre otras cosas en la contracción o relajación de las células musculares de la pared. A través de ese mecanismo regulan la resistencia del territorio circulatorio periférico al paso de la sangre procedente del corazón. Esa resistencia es uno de los factores que determina la presión arterial de la sangre. También el endotelio actúa como una membrana de filtración facilitando el paso de moléculas nutritivas e incluso células del sistema de defensa hacia los tejidos, mientras que retiene otras dentro del vaso fundamentales para el transporte de moléculas o evitar la salida de líquido fuera del vaso. En dirección contraria, permite la difusión de moléculas tóxicas para esos tejidos para que sean eliminadas por los sistemas depurativos del organismo (riñón, hígado y pulmón). Una anomalía en la función de ese sistema celular provoca o facilita la aparición de enfermedades. Esa disfunción endotelial puede estar provocada por agentes internos o externos. Entre los agentes internos destacan sustancias procedentes del metabolismo (algunas grasas o moléculas con capacidad oxidativa) o producidas por procesos inflamatorios agudos o crónicos (citoquinas). Respecto a las procedentes del exterior, destacan sobre todo las producidas por microorganismos infecciosos y ciertas sustancias tóxicas (entre ellas la nicotina). La disfunción endotelial crónica aparece en circunstancias como la hipertensión y la arteriosclerosis. En estos casos, el endotelio provoca una espasticidad de la pared muscular del vaso y un aumento de las resistencias periféricas a la circulación de la sangre. Además esas células endoteliales se deterioran con rapidez, facilitando el paso de determinadas moléculas hacia capas más profundas de la pared como sucede con las grasas (especialmente de baja densidad) que junto al acumulo de células relacionadas con el sistema de defensa, provocan el desarrollo de la placa arteriosclerótica. Por otro lado, al deteriorarse esas células endoteliales dejan expuestas zonas internas de esa pared vascular produciendo la aparición de trombos y un flujo turbulento de la sangre, que redunda en una mala circulación sanguínea.




